lunes, 5 de julio de 2010
Angel Derrotado
Los ángeles corren peligro en el mundo de los humanos.
No se puede ser ángel sin corazón.
El corazón es una máquina cortadora de alas.
Un ángel sin alas no es un ángel.
Los niños siempre pintamos ángeles.
Quizá queremos atraparlos en el block de dibujo
porque sabemos que se irán.
Los niños siempre fuimos más listos que los adultos,
tal vez porque aún conservamos nuestras alas
y sabemos las reglas del juego.
Ser ángel es andar entre muros.
Los ángeles siempre andan solos
para que no se les enreden sus alas
y acaben cayendo.
Es probable que todos seamos ángeles
con las alas enredadas.
Mis alas se enredaron con las de mi mamá
y con las de mi papá
y con las de mis hermanos y hermanas
y con las de otras personas también.
Desenredar las alas duele
como cuando en el salón, la peluquera
te quita los nudos del pelo, con peine finito,
sin acondicionador.
Pero también pone triste
como cuando desenredas tu cadenita de bautismo
que te regaló tu abuelita
y se rompe en el intento.
Y duele como cuando se termina el año escolar
y sabes que tu mejor amigo cambiará de colegio
y ya no lo verás más.
Los ángeles siempre andan entre muros.
Un ángel sin corazón no es un ángel.
El corazón es una máquina cortadora de alas.
Un ángel sin alas ya no es un ángel.
Los ángeles siempre andan solos
para seguir siendo ángeles.
